Nietzsche se consideraba a sí mismo como un aficionado, pero su pasión por la música lo llevaba, aun con escasos recursos, a persistir en su tarea de compositor. En 1976 la Bärenreiter-Verlag de Basilea publicó, el legado musical de Nietzsche, bajo el cuidado de Curt Paul Janz, uno de sus biógrafos, y allí figuran la totalidad de sus partituras
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