La impaciente
Ella golpeaba la puerta intempestivamente y con
una rudeza que estremecería a más de uno, era obvio que no era cautiva del
sigilo. Creería que estaba imbuida de algún espíritu maléfico ya que por la
intensidad de sus golpes en la puerta hubiese imaginado a desaforados barra bravas de
fútbol, indistinguiblemente llamados simpatizantes o hinchas.
El medico seguía
atendiendo, sin entender porque merecía padecer el desasosiego ,así como la
angustia de la sinrazón. Su vehemencia era escandalosa e implacable,
indefectiblemente desconocía limite alguno. El galeno tuvo que levantarse de su
silla, pidiendo disculpas al atónito paciente al que estaba examinando y abrió la puerta del derruido consultorio con
entendible temor. Para su asombro se encontró con una señora añosa que peinaba
canas, indudablemente de mas de setenta décadas, que creería tal vez que la
ventaja de su edad cronológica y su fisonomía, le permitirían cierta irreverencia,
siendo a veces contemplada en estas personas porque desdichadamente intentan aducir, que
el rango etario al que pertenecen les da el beneplácito de determinadas prebendas,
incluyendo la mal educación. Tengo artrosis!!! vociferaba….y usted esta
tardando mucho. Cálmese le dijo el medico para disuadirla y agrego con un dejo de ironía e iluso para descomprimir la situación "No soy Harry Potter y esto no es un
puesto de panchos" por favor aguardeme.
La mujer
con mirada desorbitada y con aparentes signos de alienación se retiro del lugar indignada con ademanes
groseros y despotricando contra el medico que atinadamente no respondió a los
agravios, la orate subsecuentemente pidió el libro de quejas en recepción. El
medico agacho su cabeza y volvió al consultorio, con cierta perplejidad en su
rostro que no paso inadvertida para el paciente que estaba atendiendo, quien tímidamente
esbozo…. “despreocúpese Dr. locos hay en todos lados”
Esas
palabras reconfortaron al galeno alicaído, la situación no era obviamente desdeñable pero debía proseguir lo aguardaban muchos pacientes desencantados con el
sistema de salud, con Macri, otros con Cristina, con Clarín y algunos con el
sapo Pepe. Todos quejumbrosos e inquietos agolpados y hacinados en los lúgubres
pasillos del Hospital.
El medico
agobiado no aguardaba la hora para irse a descansar, pero debía permanecer impertérrito
e inmutable para no homologarse a la enajenada, es que además del inconveniente
suscitado, no había probado bocado en el horario de almuerzo y su boca estaba
reseca con ese gusto acre propio del ayuno prolongado. Se había ya extralimitado una hora con respecto a su horario de salida , pero aun quedaban dos pacientes por
atender sin aires demandantes ni altaneros, solo querían una receta y un pedido de análisis, así que por fin reino la calma y uno de ellos por la atención dispensada le regalo un alfajor como signo de gratitud . Me pregunto a todo
esto, y mas allá de las pequeñas gratificaciones de la profesion…… a quien le importa el medico?
Buenos Aires 28 /09/12
DIEGO